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Terra
La Coctelera

No quiera imitar aquel dragón que con la cola arrastró tras de sí la tercera parte de las estrellas.

El título pertenece al apartado 16, del libro segundo, capítulo tres de Fray Gerundio de Campazas alias Zotes.

16. "Por tanto, padre mío, si el amor de nuestra madre la religión le debe algo; si tiene algún celo por la salvaciónde las almas que Jesucrito redimió con su preciosa sangre de Jesús, que mude de conducta. Sea más noble, mas cristiano y más religioso al fin de sus sermones; y será muy otras su disposición. Predique a Cristo crucificado, y no se predique a si mismo; y a buen seguro que no pondrá tanto cuidado en el afectado aliño de su persona. No busque otro interés que el de las almas: Da mihi animas, caterrea tolle tihi; (2), y yo le fio que predicará de otra manera. No solicite aplausos, sino conversiones, y tenga por cierto que no sólo logrará las conversiones que desea, sino los aplausos que no solicita, y éstos de muy superior al aura popular y vana que ahora le arrebata tanto. Sobre todo, le encargo, le ruego, le suplico que cuando no haga caso de lo que le digo y se obstiene en seguir el errado rumbo que ha comenzado, a lo menos no dogmatice, no haga esuela tan permiciosa, no quiera imitar aquel dragón que con la cola arrastró tras de sí la tercera parte de las estrella. Estremézcale aquel Vae ¡ tan espantoso contr los que escandalizan a los pequeñuelos. Y no trate de vejez, de impertinencia, de prolijidad y de mala condición de los muchos años esta paternal, caritativa y reservada advertencia que hago; sino mirela como la mayor prueba del verdadero amor que le profeso.

*Del Génesis (XIV, 21) ; El rey de Sodoma dijo a Abrahám "Déjame las almas y llevate lo demás"

Pocas prosas tan claras, tan concisas, tan directas, tan necesarias en panorama narrativo español, que se suele resolver con frases graves, altisonantes, y fuera de argumentación. - Por supuesto, las observaciones del antiguo, o primer maestro de latín de Fray Gerundio siempre tendra, esa respabilidad, que ya quisiera para sí otros. - Esto mismo, nos hace ver algo del conjunto, la familia de Fray Gerundio, su abuelo, su padre, su madre, y por supuesto hijo, y lo vemos crecer, y los diversos maestros, y la enorme dificultad que había en eos tiempos de ser intelectual, culto, cura, rico, y no ser, todos aquellos mendigos que desde hacía dos siglos o más se paseaban a la vista de los otros. ...etc, etc, etc,

Fray Gerundio de Campazas alias Zotes.

Este tal rico de Campazas

, hermano del Gimnasiarca, se llamaba Antón Zotes, familia arraigada en Campos, pero extendida por todo el mundo, y tan fecundamente propagada, que con se hallarrán en todo el reino, provincia, ciudad, villa aldea ni aun alqueria donde no hiervan Zotes, como garbanzos en olla de potaje. Eran Antón Zotes, como ya se ha dico, un labrador de una mediana pasada, hombre machorra, cecina y pan mediado los días ordinarios, con cebolla o puerro por postre, vaca y chorizo los días de fiesta; su torrezno corriente por almuerzo y cena, aunque ésta tal vez era un salpicónde vaca; despensa, o aguapié, su bebida usual, menos cuando tenía en casa algún fraile, especialmente si era prelado, lector o algún gran supuesto en la orden, que entonces, se sacaba a la mesa vino de Villamanán o del Páramo. El genio bondadoso en la corteza, pero en el fono un si es no es suspicaz, envidioso, interesado y cuentero: en fin, legítimo honus vir de Campis. Su estatura mediano, pero fornido y repolludo; cabeza grande y redonda, frente estrecha, ojos pequeños, desiguales y algo taimados; guedejas rabicortas, a la usanza del Páramo, y no consistoriales como las de los sexmeros del campo de Salamanca; pesttorejo, se supone, a la jeronimiana, rechoncho, colrado y con pliegues. Este era el hombre interior y exterior del tío Antón Zotes, el cual, aunque había lelgado hasta el banco de abajo de medianos con ánimo de ordenarse, porque dicen que le venía una capellanía de sangre en muriendo unt ío suyo, arcipreste de Villaornate; pero al fin le puso pleito una moza del lugar, y se vio precisado a ir por la iglesia, más no al coro ni al altar, sino el santo matrimonio. El caso pasó de esta manera.

repolludo, repolludo, repolludo, repolludo, repolludo, repolludo, fornido, fornido, fornido, fornido, fornido, fornido, fornido, fornido, moza, moza, moza, moza, moza, moza, moza, moza, moza, moza, santo matrimonio, santo matrimonio, santo matrimonio, santo matrimonio, santo matrimonio, santo matrimonio, coro, coro, coro, coro, coro, coro, coro, coro, coro, coro, coro, altar, altar, altar, altar, altar, altar, altar, altar, altar, altar, altar, taimados, taimados, taimados, taimados, taimados, taimados, guedejas, guedejas, guedejas, guedejas, guedejas, guedejas, rechoncho, rechoncho, rechoncho, rechoncho, rechoncho,

Robert L. Stevenson. Viajes con una burra.

* Le importaba un rábano que yo me pasara toda la noche vagando por las colinas¡. En cuanto a estas dos niñas eran un par de golfilla astutas y desvergonzadas que no pensaban más que en hacer maldades. Una me sacó la lengua, lal otra me dijo que siguiese a las vacas, y ambas soltaron risitas y se intercambiaron codazos. La Bestia del Gévaudan devoró a unos cien niños de este distrito: empezaba a caerme simpática, ....................
Rábano, rábano, rábano, rábano, rábano, rábano, rábano,
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se horrorizó al verme beber una pinta de leche sin descremar,
se horrorizó al verme beber una pinta de leche sin descremar,
se horrorizó al verme beber una pinta de leche sin descremar,
se horrorizó al verme beber una pinta de leche sin descremar,
se horrorizó al verme beber una pinta de leche sin descremar; deje que se la hierva, deje que se la hierva, deje que se la hierva, deje que se la hierva, deje que se la hierva, deje que se la hierva,
*Después de haber empezado la mañana con este licor delicioso, y como ella tenía infinidad de cosas de que ocuparse, me permitieron, o incluso me pidieron, que me preparase un tazón de chocolate. Se pusieron a secar mis botas y mis polainas, y cuando la hijo mayor me vio intentando escribir en mi diario sobre mis rodillas, abrió una mesa plegable en el rincón de la chimenea para mi comodidad. Allí escribí, me bebí el chocolate y me comí por fin una tortilla antes de marcharme. La mesa estaba llena de polvo, pues, según me explicaron, sólo se usaba cuando hacía tiempo de invierno. Yo veía claramente por el hueco de la chimenea, entre la aglomeraciones pardas de hollín y el vapor azul, el cielo azul, el cielo, y siempre que echaban al fuego un brazado de ramas, la llamaradame chamuscaba las piernas.
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Huevos Rotos. pag. 160 Notas de cocina de Leonardo Da Vinci.

Cascad los huevos en un cuenco y batidlos con un poco de agua o miel, un poco de queso rallado, un poco de aceite y mantequilla y un poco de sal y pimienta. Calentadlos con gran cuidado en un puchero, removiéndolos durante todo el tiempo, y por no más de un minuto. Si Deseáis tomarlos verdes, añadiréis un poco de remolacha...

Mis platos sencillos.
Estos son algunos de los platos sencillos que yo le presentaría a mi señor Ludovico si no supiera bien que los rechazaría de inmediato por su delicadeza y pureza y exigiría en su lugar su revoltijo de carne y huesos. :

Seis Brotes de Col Hervidos y en medio de ellos, un montón de huevas de esturión con nata*
Una cebolla hervida de tamaño mediano sobre una rodaja de buen queso de búfalo y coronada por una aceituna negra dividida en cuartos.
Una ciruela, machacada y dividida en cuartos, y dispuesta sobre una fina loncha de carne de vaca cruda y secada al sol durante tres meses. Junto a ella, una ramita de manzano en flor.
Un huevo de gallina cocido, despojado de su cáscara, y con la yema sacada con una chuchara y mezclada con piñones sazonados con pimienta antes de tornar a ponerla en su lugar.
El higado de una ternera, finamente machado y con una ligera sazón de salvia y mostaza. Esto debe acompañarse con pan o polenta de corteza crujiente.
Pequeños camarones y caballitos de mar ligeramente hervidos y luego pelados y servidos cubiertos de nata.
Un plato de espinacas hervida solamente, luego troceadas y sobre ellas un huevo ligeramente escalfado fuera de su cáscara, y alrededor de todo ello más huevos rotos con queso de búfalo.
Tres rodaja de zanahoria cruda, talladas en forma de caballitos de mar y una pizca de salsa de anchoas junto a ellas.
Una loncha fina de los cuartos traseros de una ternera, no mayor que la mitad del tamaño de una mano, cubierta por una salsa de atunes machacados y nata, y con otra loncha fina de la misma carne por encima y todo esto coronado por media docena de cerezas troceadas en vinagre de Bérgamo
Un plato de huesos de la costilla de un cordero cada uno con un poco de carne en el extremo, ligeramente asados y con una caperuza de papel que se pondrá en el otro esxtremo una vez enfriados. Sobre ellos, una cuantas hojas de menta.
Carne de cerdo de la mejor calidad, hervida y majada finamente, y mezclada con manzana y zanahorias muy ralladas y huvos de gallina y, amasada con pequeñas bolas que se fríen hasta tornarse de color marron dorado y servidas sobre un lechos de arroz y agrodolce.
Lo que yo llamo Cerdo con Huevo y pan, Haced finas lonchas del lomo de cerdo que hayaís colgado el invierno anterior, cada una de una longitud no mayor que media mano: ponedlas bajo el fuego, pero sin permitir que se abrasen: sólo por tres minutos han de calentarse. O sin no, colocad las lonchas en un puchero muy ligeramtne untado con aceite y éste en las llamas; y de nuevo no más de tres minutos. Después tendréis en esa misma grasa dos huevos de gallina sin sus cáscaras hata que sus albúminas se tornen blancas. Y al laldo de este delicado plato, un trozo de pan del tamaño de una mano ligeramente calentado en aceite de oliva con ajo, que también añadiréis y calentaréis hasta que se torne de color marrón dorado.
Una gallina hervida rellena de uvas, con zanahorias y una cebolla hirviendo junto a ella,y cuando esté hervida, cogeréis sólo la pechuga y la serviréis con gran cuidado acompañada de trozos de nabo fritos y guisantes.
Un cuenco de aquello en lo que ha hervido esa misma gallina sin alterarlo en nada, excepto un poco de sal o pimienta. ........sopa, sopa, sopa, sopa, sopa, sopa, sopa, sopa, sopa de gallina,
De cómo comer alcachofas.
Mi señor Ludovico me dice que he de ingeniar un medio por el cual comeralcachofas sin escupir sobre la mesa nueve décimas partes de lo que uno se ha metido en la boca. Este medio es sencillo. Las hojas se quitan del fruto antes de la comida y se deja solamente el corazón de la alcachofa, que es todo lo comestible y del que no hay necesidad de scupir parte alguna.

Huevos Cocidos. pagina 159 de Notas de cocina de Leonardo da Vinci.

Cascad los huevos dentro de un puchero de agua hirviente, y en el momento en que la albúmina se torne blanca, sacadlos y ponedlos sobre el plato en que hayáis de servirlos.Cubridlos luego con un poco de miel, hierbas fragates, agua de rosas, vino dulce y amargo y el juego de una granada, y comedlos con pan. En ocasiones, cuando Battista tien prisa, me sirve estos huevos sin más decoración que un poco de sal y pimienta y he de admitir que disfruto de este plato en igual medida.

Adíos Muñeca. Susana Fortes. cuadernos de cine. Prólogo de Bigas Luna.

Introducción.

La mujer de la ventana.

Cierra los ojos
- ¿Así?
- No, más fuerte.
- Vale.
- Y ahora dime, ¿qué ves?
Toda la habitación está oscura; la voz que pregunta en voz baja es la de un niño moreno de nueve o diez años, y soy yo la que respondo con la misma edad.
- Veo una ventana. Hay una mujer vestida de negro que tiene la frente apoyada en el cristal y mira la calle, una calle muy larga con faroles.
El priemr recuerdo que tengo de ese juego está disuelto en el vaho del invierno de 1970, en un pueblo del interior de Galicia, un día en que el temporal derribó los postes del tendido eléctrico y hubo que suspender la sesión de cine. Mi primo Fico y yo permenecimos mucho tiempo allí, por si acso aún se arreglaba la avería, inmóviles antes aquel edificio de dos planta medio desconchado, mirando la cartelera de la vitrina, con las trencas azul marino abrochadas hasta el último botón el rostro medio cubierto por una bufanda de lana y las manos hundidas en lso bolsillos apretando la moneda de cinco duros que nos habían dado en casa paa la entreda. Pero no dejó de llover. Llovía osbre los tejados muy inclinado, en la plaza, entre la stapias de los corrales, junto a la iglesia, por las fachadas de piedra de los comercios la mercería, la panadería Altamira, los cocheras de los autobuses de líneas, el bar de Catro, y más lejos aún, en la carretera que se desdibujaba en las afueras había el lavadero y el cerro de la sfuentes de donde venía un viento grisado que era el mismo que soplaba en aquel acantilado lleno de pájaros que veíamos en los fotogramas de la película, como si ambos espacios estuvieran comunicados por un plano de inclinación máxima.
Olía a brasero y a humo de cocina de leña y a frío húmedo de febrero cuando regrasamo a casa ya oscureciendo, cansado de esperar, desencantados, sin haber podido ver la película: fotogramas perdidos o velados, como en negro, zonas de sombra.
Esa noche, con la cabez escondida debajo d ela mantas para no oír la vibración del viento del Norte en la tejas, nació la imagen de la mujer de la ventana. No era una imagen aislada ni estática porque ella escribía algo en el rectángulo empañado de la vidriera, una palabra, y miraba con nerviosismo hacía un extremo de la calla, impacientándose. Tampoco se trataba de un cuento como los que nos contábamos en otras ocasiones, porque esta vez la visual era el principal sentido. La melena rubia sobre el jersey negro, el rojo furioso de la barra de labios, los dedos tan rápidos escribiendo, una luz tenue como de lienterna ilumináda desde atrás: todo parecía tratar de decir algo. Lo decía.
Aquel fue el comienzo de un hábito que se repetiría otras muchas noches con igual fascianción. Si lo pienso ahora me parece que ese juego infantil no era algo reñido con la vida, Su suplantación o reempalzo , sino la propia sustancia de la vida en lo que esta tiene de representención. Porque al contar historias en imágenes se puede hablar de situaciones y emociones para las que no son suficientes las palabras, bien porque aún no tienen un nombre preciso qu elas designe o quizá porque todavía no las hemos nombrado nunca y por eso no lo conocemos. Lo fascienante del ciene s como toda un secuencia verbal descriptiva de una página , se resuelve con un plano. Por ejemplo, cuando la muer apoya la frente en el cristal y empieza a escsribir en el vahó, nadie la está describiendo, ni pensando por ella o a través de ella, como ocuerre en los relatos y en las novelas, sino que simplemente la mujer hace eso, escribe una palabra y mira la calle, una calle larga con faroles amarillos. La estoy viendo, en ese gesto; la frente alta, los dedos largos... no lo elstoy contando. Es distinto. Cada movimiento adquiere su significado dentro del conjunto. Tal vez es eso lo que hace que la escena provoque por sí misma un sentimiento de inminencia, de que algo va a pasar o acaba de pasar a nuestras espaldas. Recuedo perfect ament etodas la sensaciones como si algún foco de la memoria iluminara un trozo de cinta y lo proyect ara luego nítidamente en mi mente como en una pantalla. La voz lejana y distante que me llama desde la otra cama resuena en mis oídos fundida con el rescoldo azulado de la llama de la estufa y el sonido de la lluvía desaguando por los canalones.
-Susana... Sisana, ¿te has domido ya?
-No. Aún estoy depoier ta.
- Venga, sigue contándome. ¿Qué pasa después?
Durante mucho tiempo el cine bebió de la literatura, se inspiró en ella, pero creo que la filmación como fórmula narrativa ha llegado a un punto de madurez que permiete perfectamente invertir la situación. Igual que en el mundo de la pintura la irrupción de la fotografía supuso el fin del realismo, porque la representación fiel de la realidad deja de tener sentido al poder ser capatada hasta en los más mínimos detalles a través de una cámara, también en el ámbito literario la figura del narrador omnisciente, por ejemplo, se va quedando como un vestigio decimonónico.

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Bueno, dos aspectos de está narración. La narración en primera persona de Susan, hablando de como ella y su primo se quedan sin ver la pelícuala una tarde de una lejana tarde de invierno de domingo se supone por causa de la lluvía, en Orense su pueblo natal, y eso ocurre por falta de luz. ...........Al volver a casa, y meterse en la cama comienza una reflexión sobre el cine ...... la pintura, el realismo, la fotografía, la liateratura, etec, etc, etc, otro día será.......
De cualquier forma la trenca azul, con botones, abrochados hasta arriba, etc, etc, la lluvía, una bufanda de lana, bolsillos en los que meter las manos, las cocheras de autobuses, la panadería, acantilado lleno de pájaros , niño moreno, mujer vestida de negro, calle muy larga con faroles. etc. etc.

Julio Llamazares. Escenas del cine Mudo.

Horizontes lejanos. pag, 21.

Le pedirá al señor Mundo, el encargado del cine, las cinco carleleras retiradas y, durante mucho tiempo, las contemplará en su casa, una noche y otra noche, mientras las pinta a mano con esos viejos colores que solamente existen en ell cine y en la memoria de niño que ahora me mira de nuevo desde el fondo de esta antigua y diminuta carletelera que alguien le hizo a él un día a la puerta del cine y al pie de la vitrina de sus sueños, sobre el fondo de un cartel en el que James Stewart apunta su pistola hacia la cámara mientras, con su brazo izquierdo, protege a Julia Adams de algún peligro invisible que demiente detrás de ellos un paisaje melancólico de vacas y de montañas sobre cuyo horizonte aparece dibujado el nombre de la película que aquel día se exhibía en el Minero y el de la fotografía que ahora tengo entre mis manos: Horizontes lejanos.

Retrato de un fantasma. pag, 27.

Durante todo el día estuve haciendo fotos, con el permiso expreso de mi padre, que también posó ante la cámara. Montó el trípode en el medio de la escuela y, uno detrás de otro, fuimos pasando todos por la mesa del maestro, en la que previamente había colocado un cuaderno y una pluma y la bola del mundo giratoria que teníamos guardada en el armario. Como telón de fondo, una sábana doblada y el mapa que yo le ayudé a colgar encima del encerado.

Las colina del Diablo. pag, 35

Luego, la empresa se encargaba de que desaparecieran definitivamente del mapa usándolos de escombreras para el carbón desechado. Escombreras que crecían poco a poco entre las casas hasta acabar convirtiéndose en auténticas montañas y que ahora trae de nuevo a mi memoria, como aquella tarde en Berlín la visión de la Colina del Diablo, esta pequeña fotografía en la que mi hermano y yo, el uno al lado del otro, pero distantes, posamos para la cámara delante de la que había al lado mismo de nuestra casa.

La maquina del tiempo. pag, 40

Como ésta: una tarde de invierno, en el Tercero de Olleros (como llamaban al monte que había a la entrada del pueblo), mis amigos resbalan sobre la nieve mientras yo los miro desde lejos, sentado, en primer plano, en el kilómetro de piedra de la carretera.
Es estraña la foma en que la memoria se ilumina y manifieta. Cuando empecé a escribir estas notas (pies de foto personles para este álbum perdido de mis años en Olleros), no creía recordar más que algún nombre y alguna imagen lejana milagrosamente salvada del paso voraz del tiempo. Pero, a medida que las contemplo - y, sobre todo, a medida que busco detrás de ellas - , los ojos se iluminan y las fotografías se mueven y cobran vida como aquellas carteleras que veían en la vitrina del Minero. Sólo que éstas son las de mi vida y, por eso, yo soy el único que les puede dar sonido y movimiento. ( reflexión que está al comienzo del cápitulo 4. ......... siempre barajando, reiterando, observando, ¿qué es pensamiento, que es idea, que es universal, que es la grámatica, qué es recuerdo, que vida, qué es lectura, concepto, conversación, ... esas partes de que se componen como unidades nuestras vidas, y que solo los que escriben ven separadas unas de otras..... etc,etc,

Se vive solamente una vez. pag 49

Mi hermana y yo delante de la pista de Martiniano, un día de verano de 1962, junto al cartel que anunciaba el baile de los domingos y en el que hay pintada una pareja, que, como yo hubiera querido aquella noche, continúa bailando desde entonces y seguirá haciéndolo siempre mientras exista esta fotografía que detuvo el reloj del tiempo bajo sus pies.

Puente sobre el abismo. pag, 56

Sino cinco muchos que me miran desde lo alto de un puente que a lo peor ya ni existe aunque en la fotografía siga anclado en el abismo. En el abismo siguen, ya para siempre inmóviles, los muchachos y el cielo, y el tren que se alejaba echando humo haciía la mina. El abismo concentra las miradas de todos - las de quines, desde fuera ( el fotógrafo y yo), lo miramos y la de quienes lo contemplan desde arriba -; pero el abismo que ellos ven es el que salva el puente y el que en el puente encuentra justamente su sentido. El que yo veo ahora se abre entre ellos y yo y es tan profundo y oscuro que ni siquiera la mirada del fotógrafo que, sin saberlo, comenzó a abrirlo aquel día me sierve ya para poder cruzarlo sin que el vértigo del tiempo me llene de nostalgía y de melancolía.

El frío. pag 60

Es lo que me pasó antes con la del puente, que de repente se convirtió ella misma en un abismo, y de repente se conviertió ella misma en un abismo, y es lo que me pasa ahora con esta otra en la que aparezco solo, caminando por la carretera con el rostro cubierto por un pasamontañas y las manos hundidas en los bolsos del abrigo.

Extraños en la noche. pag 71.

Aquella vieja radio que mi abuelo, al parecer, cuando volvió de la guerra, había traído de África y que preside esta foto en la que mis padres siguen sentados mirando a la eternidad como si para ellos el tiempo se hubiese detenido para siempre en ese instantes. Todavía, si la miro fijamente, como mis padre a mí, puedo volver a escucharla.
Observación......... (algo así como una nota más extensa) Un día - ya no recuerdo cuándo - , llegó la televisión y la radio pasó a un segundo plano. Seguía en el mismo sitio, en la repisa de la pared, entre la foto del Papa y el calendario, pero ya sólo se oía a la hora de comer y en esas horas muertas de la tarde en las que mimadre solía planchar y la casa se allenaba de aquel olor a humedad y a ropa recién planchada que tenía la virtud de poenrme siempres triste. Por las noches, era la televisión la que sonaba en la casa y la que se oía al pasar por las ventanas abiertas de todas las demás casas. Poro, a pesar de ello, cuando recuerdo aquel tiempo, como ahora ante esta foto de mis padres, no oigo la televisón que ni siquiera aparece en ella, sino la radio.

Evocativo, todo muy evocativo, se recuerdan personas, se recuerdan objetos, relojes, radios, televisores. Se evocan conversaciones. Se evocan, días pasados, o recuerdos, pero lo que real quiere evocar es un recuerdo que viene con la imagen que comenta "la foto de la cocina", o "la foto de la radio de la cocina".... su cocina, su casa cuando era niño,,,, y se oía la radio.... etc, etc.

La noche americana. pag 79

Confusión de los sentidos que algunas noches me invade y que ahora he vuelto a sentir mirando esta vieja foto en la que mis padres y mis hermanos posamos juntos - quizá por úncia vez - . un día de Navidad, en la cocina de nuestra casa, con el fondo de la radio y de un calendario nuevo en el que aún puede verse la fecha del día en que fue tomada: 1 de enero de 1963. Las voces que oía no eran las nuestras , sino las que aún de algún vecino o la de un bar cercano. Y el calor, que yo cería era el de que desprendía la vieja estufa de hierro junto a la que yo estoy sentado, no es más que el de la bobilla del flexo que me ilumina, mientras escribo, desde hace rato. Sólo la luz, esta luz gris, misteriosa pero suave ( como la luna llena o de crital trucado por el filtro de una noche americana), que me deslumbra y me ciega, no viene de ningún lado. Está en la fotografía en la que quedó apresadas, igual que quedó apresada la de las noches de Nueva York en la retina del niño que se dormía todas las noches mirando la cartelera que colgaba jusnto enfrente de su cama.

novelesco; en la medida que suena a narrativa, a escritor que escribe, obs.... no el arquitecto que hace casas, aunque las casas se compongan de patios, huecos de escaleras, ascensores, ventanas, habitacciones, cocina, etc,etc, etc, obs... guardia municipal, cambia de posición y los brazos y los peatones siguiendo las indicaciones cruzan la calzada... obs... cura, en la medida que comienza y termina la misa. pero que se dice cuentista, novelesco, narrativo, relato en la medida que está desprovisto de valor retribuido, .... Algo así, como hace muchos años, habían hecho una segunda foto en la cocina, de esa es de la que habló en un capitulo, para entendernos, capitulo siguiente. , ya la cocina no es tan entrañable, aunque ahora sea día de Año nuevo... etc, la estufa que tanto trabaja daba, no se rememora, evoca, recuerda, de ninguna forma la lecha, el carbón que había acarrear, la lecha que había que cortar, etc, etc,

Música Arabe. pag 85

O la de Mustafá, el primer niño moro que llegó a Olleros y del que yo me hice íntimo amigo- después de pegarme con él, eso sí, el primere día que fue a la escuela -y jutno al que estoy sentado en esta foto que les la única que guardo de las que cada año, al empezar el cuerso, no shabía a todos los alumnos, junto con su maestro, el fotógrafo del pueblo.

Juliño.... con este y la de la orquesta Compostela, evoca otros días, otros mundos, otras cuestiones como más o menos importantes, .... Los niños arabes que había en Olleros, vaya cosa, ahora hay negritos, niñas chinitas, hispanoamericanos, y sobre todo Portugueses, pobres, etc, etec, algo así, como hablaré de una foto, en la que estoy con Mustafá, que por cierto era moro, (como tantos, sin ir mas lejos), que el primer día de clase al descubrirlo, y ver que era moro se peleó con él... aunque nadie sabe, si por que todos son malos pagadores, o porque el baul de los recuerdos pesaba mucho, y no vale la pena decir que el sobrepeso fué eliminado. - Tontería, pues las fotos antiguas en las que estamos nunca deberíamos romper, y cumplir con el protocolo, protocolario de guardar y cargar, llevar, conservar, aderezar con pies de fotos, y crear nuestro propio mundo o incluso ayudará (a ) conservarlo.

Sidney Sheldon.

Sidney Sheldon.

El escritor américano Sheldon, gano un oscar en 1947. la película se llamaba El solterón y la menor.
Las fotos de Sirley Temple, han dado la vuelta al mundo, varias veces, y esto se debe a la gran popularidad que alcanzo después, sobre todo al hacerse más mayor....