Se reunió con ellos en su habitación: estaba delante de la ventana, la cual habían abierto, y así se oía la lluvía ruidosa y turbulenta que desde por la mañana anegaba Milán.
- ¿Qué es eso? - dijo Frank Dawer, señalando fuera de la ventana.
- Es la estatua de la Virgen colocada en los alto de la aguja más alta de la catedral de Milán. Los milaneses la llaman la Madonnina
-¿Siempre está iluminada?- pregunto David Skeinerberrg.
- Si, toda la noche - repuso KEKKA.
- Muy bien, muy bien,¡cuánto le habría gustado verla a mi madre¡ - exclamó Frank.
Los tres miraron un poco, a través del niágara de lluvia, la dorada y luminosa estatua sagrada, y luego David cerro la ventana y dijo:
- Ahora tomemos una ducha, Kekka, y luego pides whisky. ¿Tienen j$b?
- Aquí tienen más marcas de whisky que en el Kangaroo de tu pequeña Nueva York - dijo ella con orgullo ferrarés y ambrosiano al mismo tiempo.
Los muchachos rieron silenciosamente, si ruido rieron como señores norteamericanos, como les había enseñado Leo.
- Muy bien, mucho, muy bien - dijo Frank -haz que traigan el whisky porque antes de cenar hemos de charlar un poco --y añadió -: ¿Cómo se dice en italiano Honey, a una mujer?
- Se dice de muchas maneras, pero la más sencilla es "tesoro"
- Tesuro - dijo Frank.
-No, tesoro - replicó ella.
-¡Ah, comprendes¡; Tesooro - Exclamo Frank.
- no, bestia, tesoro, como en Hope.
- Si, comprendo: tesoooro.
- Pero ¿por qué quieres saberlo? - preguntó Kekka.
- Para decirselo a ti priemro que a nadie, tesaro, es decir, no, tesooro, y luego decirseloa las chcas por la calle.
Le miraron riéndose burlonamente y la vieron ponerse nerviosa: "Chuscos" y maarcharse, y entonces comenzaron a desnudarse arrojando la ropas por los vastos suelos suntuosos y llegados a los calzoncillos y a la ventrera, se detuvieron y se fueron juntos al cuarto de baño
- Dúchate tú primero - dijo Frank, el más alto, de casi dos metros
David se quitó el slip y luego, con satisfacción, metió la mano en la ventrera y sacó la Steik del calibre 9.
- Comenzaba a fastidiarme un poco - dijo.
La dejó cuidadosamente sobre la mesa de mármol verde, se quitó la ventrera y se metió bajo el paraguas de la ducha.
- Mientras, yo me afeitaré - dijo Frank, y también con satisfacción se quitó la Steik del bolsillo secreto de la ventrera.
- Parece un bazuca - comentó.
Paragüas de la ducha. Paragüas de la ducha.
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