Horizontes lejanos. pag, 21.

Le pedirá al señor Mundo, el encargado del cine, las cinco carleleras retiradas y, durante mucho tiempo, las contemplará en su casa, una noche y otra noche, mientras las pinta a mano con esos viejos colores que solamente existen en ell cine y en la memoria de niño que ahora me mira de nuevo desde el fondo de esta antigua y diminuta carletelera que alguien le hizo a él un día a la puerta del cine y al pie de la vitrina de sus sueños, sobre el fondo de un cartel en el que James Stewart apunta su pistola hacia la cámara mientras, con su brazo izquierdo, protege a Julia Adams de algún peligro invisible que demiente detrás de ellos un paisaje melancólico de vacas y de montañas sobre cuyo horizonte aparece dibujado el nombre de la película que aquel día se exhibía en el Minero y el de la fotografía que ahora tengo entre mis manos: Horizontes lejanos.

Retrato de un fantasma. pag, 27.

Durante todo el día estuve haciendo fotos, con el permiso expreso de mi padre, que también posó ante la cámara. Montó el trípode en el medio de la escuela y, uno detrás de otro, fuimos pasando todos por la mesa del maestro, en la que previamente había colocado un cuaderno y una pluma y la bola del mundo giratoria que teníamos guardada en el armario. Como telón de fondo, una sábana doblada y el mapa que yo le ayudé a colgar encima del encerado.

Las colina del Diablo. pag, 35

Luego, la empresa se encargaba de que desaparecieran definitivamente del mapa usándolos de escombreras para el carbón desechado. Escombreras que crecían poco a poco entre las casas hasta acabar convirtiéndose en auténticas montañas y que ahora trae de nuevo a mi memoria, como aquella tarde en Berlín la visión de la Colina del Diablo, esta pequeña fotografía en la que mi hermano y yo, el uno al lado del otro, pero distantes, posamos para la cámara delante de la que había al lado mismo de nuestra casa.

La maquina del tiempo. pag, 40

Como ésta: una tarde de invierno, en el Tercero de Olleros (como llamaban al monte que había a la entrada del pueblo), mis amigos resbalan sobre la nieve mientras yo los miro desde lejos, sentado, en primer plano, en el kilómetro de piedra de la carretera.
Es estraña la foma en que la memoria se ilumina y manifieta. Cuando empecé a escribir estas notas (pies de foto personles para este álbum perdido de mis años en Olleros), no creía recordar más que algún nombre y alguna imagen lejana milagrosamente salvada del paso voraz del tiempo. Pero, a medida que las contemplo - y, sobre todo, a medida que busco detrás de ellas - , los ojos se iluminan y las fotografías se mueven y cobran vida como aquellas carteleras que veían en la vitrina del Minero. Sólo que éstas son las de mi vida y, por eso, yo soy el único que les puede dar sonido y movimiento. ( reflexión que está al comienzo del cápitulo 4. ......... siempre barajando, reiterando, observando, ¿qué es pensamiento, que es idea, que es universal, que es la grámatica, qué es recuerdo, que vida, qué es lectura, concepto, conversación, ... esas partes de que se componen como unidades nuestras vidas, y que solo los que escriben ven separadas unas de otras..... etc,etc,

Se vive solamente una vez. pag 49

Mi hermana y yo delante de la pista de Martiniano, un día de verano de 1962, junto al cartel que anunciaba el baile de los domingos y en el que hay pintada una pareja, que, como yo hubiera querido aquella noche, continúa bailando desde entonces y seguirá haciéndolo siempre mientras exista esta fotografía que detuvo el reloj del tiempo bajo sus pies.

Puente sobre el abismo. pag, 56

Sino cinco muchos que me miran desde lo alto de un puente que a lo peor ya ni existe aunque en la fotografía siga anclado en el abismo. En el abismo siguen, ya para siempre inmóviles, los muchachos y el cielo, y el tren que se alejaba echando humo haciía la mina. El abismo concentra las miradas de todos - las de quines, desde fuera ( el fotógrafo y yo), lo miramos y la de quienes lo contemplan desde arriba -; pero el abismo que ellos ven es el que salva el puente y el que en el puente encuentra justamente su sentido. El que yo veo ahora se abre entre ellos y yo y es tan profundo y oscuro que ni siquiera la mirada del fotógrafo que, sin saberlo, comenzó a abrirlo aquel día me sierve ya para poder cruzarlo sin que el vértigo del tiempo me llene de nostalgía y de melancolía.

El frío. pag 60

Es lo que me pasó antes con la del puente, que de repente se convirtió ella misma en un abismo, y de repente se conviertió ella misma en un abismo, y es lo que me pasa ahora con esta otra en la que aparezco solo, caminando por la carretera con el rostro cubierto por un pasamontañas y las manos hundidas en los bolsos del abrigo.

Extraños en la noche. pag 71.

Aquella vieja radio que mi abuelo, al parecer, cuando volvió de la guerra, había traído de África y que preside esta foto en la que mis padres siguen sentados mirando a la eternidad como si para ellos el tiempo se hubiese detenido para siempre en ese instantes. Todavía, si la miro fijamente, como mis padre a mí, puedo volver a escucharla.
Observación......... (algo así como una nota más extensa) Un día - ya no recuerdo cuándo - , llegó la televisión y la radio pasó a un segundo plano. Seguía en el mismo sitio, en la repisa de la pared, entre la foto del Papa y el calendario, pero ya sólo se oía a la hora de comer y en esas horas muertas de la tarde en las que mimadre solía planchar y la casa se allenaba de aquel olor a humedad y a ropa recién planchada que tenía la virtud de poenrme siempres triste. Por las noches, era la televisión la que sonaba en la casa y la que se oía al pasar por las ventanas abiertas de todas las demás casas. Poro, a pesar de ello, cuando recuerdo aquel tiempo, como ahora ante esta foto de mis padres, no oigo la televisón que ni siquiera aparece en ella, sino la radio.

Evocativo, todo muy evocativo, se recuerdan personas, se recuerdan objetos, relojes, radios, televisores. Se evocan conversaciones. Se evocan, días pasados, o recuerdos, pero lo que real quiere evocar es un recuerdo que viene con la imagen que comenta "la foto de la cocina", o "la foto de la radio de la cocina".... su cocina, su casa cuando era niño,,,, y se oía la radio.... etc, etc.

La noche americana. pag 79

Confusión de los sentidos que algunas noches me invade y que ahora he vuelto a sentir mirando esta vieja foto en la que mis padres y mis hermanos posamos juntos - quizá por úncia vez - . un día de Navidad, en la cocina de nuestra casa, con el fondo de la radio y de un calendario nuevo en el que aún puede verse la fecha del día en que fue tomada: 1 de enero de 1963. Las voces que oía no eran las nuestras , sino las que aún de algún vecino o la de un bar cercano. Y el calor, que yo cería era el de que desprendía la vieja estufa de hierro junto a la que yo estoy sentado, no es más que el de la bobilla del flexo que me ilumina, mientras escribo, desde hace rato. Sólo la luz, esta luz gris, misteriosa pero suave ( como la luna llena o de crital trucado por el filtro de una noche americana), que me deslumbra y me ciega, no viene de ningún lado. Está en la fotografía en la que quedó apresadas, igual que quedó apresada la de las noches de Nueva York en la retina del niño que se dormía todas las noches mirando la cartelera que colgaba jusnto enfrente de su cama.

novelesco; en la medida que suena a narrativa, a escritor que escribe, obs.... no el arquitecto que hace casas, aunque las casas se compongan de patios, huecos de escaleras, ascensores, ventanas, habitacciones, cocina, etc,etc, etc, obs... guardia municipal, cambia de posición y los brazos y los peatones siguiendo las indicaciones cruzan la calzada... obs... cura, en la medida que comienza y termina la misa. pero que se dice cuentista, novelesco, narrativo, relato en la medida que está desprovisto de valor retribuido, .... Algo así, como hace muchos años, habían hecho una segunda foto en la cocina, de esa es de la que habló en un capitulo, para entendernos, capitulo siguiente. , ya la cocina no es tan entrañable, aunque ahora sea día de Año nuevo... etc, la estufa que tanto trabaja daba, no se rememora, evoca, recuerda, de ninguna forma la lecha, el carbón que había acarrear, la lecha que había que cortar, etc, etc,

Música Arabe. pag 85

O la de Mustafá, el primer niño moro que llegó a Olleros y del que yo me hice íntimo amigo- después de pegarme con él, eso sí, el primere día que fue a la escuela -y jutno al que estoy sentado en esta foto que les la única que guardo de las que cada año, al empezar el cuerso, no shabía a todos los alumnos, junto con su maestro, el fotógrafo del pueblo.

Juliño.... con este y la de la orquesta Compostela, evoca otros días, otros mundos, otras cuestiones como más o menos importantes, .... Los niños arabes que había en Olleros, vaya cosa, ahora hay negritos, niñas chinitas, hispanoamericanos, y sobre todo Portugueses, pobres, etc, etec, algo así, como hablaré de una foto, en la que estoy con Mustafá, que por cierto era moro, (como tantos, sin ir mas lejos), que el primer día de clase al descubrirlo, y ver que era moro se peleó con él... aunque nadie sabe, si por que todos son malos pagadores, o porque el baul de los recuerdos pesaba mucho, y no vale la pena decir que el sobrepeso fué eliminado. - Tontería, pues las fotos antiguas en las que estamos nunca deberíamos romper, y cumplir con el protocolo, protocolario de guardar y cargar, llevar, conservar, aderezar con pies de fotos, y crear nuestro propio mundo o incluso ayudará (a ) conservarlo.