Cascad los huevos dentro de un puchero de agua hirviente, y en el momento en que la albúmina se torne blanca, sacadlos y ponedlos sobre el plato en que hayáis de servirlos.Cubridlos luego con un poco de miel, hierbas fragates, agua de rosas, vino dulce y amargo y el juego de una granada, y comedlos con pan. En ocasiones, cuando Battista tien prisa, me sirve estos huevos sin más decoración que un poco de sal y pimienta y he de admitir que disfruto de este plato en igual medida.